Dee.

Cuando conocí a Dee, acababa de regresar a HomeVillage procedente de la gran ciudad. Me pareció un joven tímido, rondando los treinta y pocos, con cara aniñada de ojos azules y profundos. No podía sospechar todo lo que llegaría a sorprenderme.

Pronto empezó a robarme algunas de las características que más me llaman la atención en un buen personaje. Simplemente, se las apropió. Algunas bastante íntimas, otras algo más manidas, pero no por ello menos interesantes.

Se presentó como un joven escritor, de cierta fama, que se había dado a conocer a Titán mediante un pequeño blog de entradas cortas, pero muy directas. Me contó, no sin cierto rubor, que todo empezó por casualidad. El blog le permitía tener una copia de seguridad de sus textos, un modo de no perderlos, si el ordenador decidía jugar al famoso “System failure”. Era cómodo, gratuito y siempre online. También era un buen lugar para probar técnicas de escritura, poner a prueba su escaso talento narrativo y mejorar su forma de puntuar los textos, mientras buscaba un nuevo trabajo en algún periódico o revista, que pagara algo mejor sus colaboraciones. Pero se le fue de las manos.

No era una queja, ya que aquel pequeño sitio de la web, se convirtió en su trabajo. Logró y superó sus objetivos, y una importante editorial digital le contactó para editar su primera novela.

Los ingresos de Dee, no eran nada despreciables, sus entradas recibían más visitas de las que jamás llego a soñar y eso le proporcionaba una calidad de vida por encima de la media. La novela “En mis pesadillas” lo hizo subir varios niveles. Su fama en la red, era ridículamente alta y todo lo que Dee publicaba era difundido, al instante, a cada ordenador o dispositivo móvil de Titán. De una u otra forma, uno de cada cinco habitantes del planeta leían a Dee, casi a diario.

Todo llegó demasiado rápido. Y la novela le había dejado prácticamente exhausto, demasiado intensa, demasiado personal, demasiados miedos revividos, demasiadas concesiones involuntarias. Demasiadas pesadillas olvidadas, traídas de vuelta.

Eso fue lo que le hizo volver a casa. Y lo que nos permitirá adentrarnos en el Blog de Dee y algunos de sus secretos.

La faceta de escritor me sorprendió, aunque encajaba muy bien con su aspecto y su extraño sentido del humor. Pero lo más inquietante fue descubrir su concepción del mundo, de la vida, del amor, de las relaciones personales y su distancia respecto a ellas, como sino le afectaran, aunque en realidad: le arrasaban. Era una distancia medida, no las negaba, ni las rehuía, simplemente las adaptaba para poder soportarlas. Eran también el motor de su particular forma de contar historias, pero una cosa era el trabajo y otra la vida real. Sus aristas eran diversas, complejas y a la vez, tal y como diría el propio Dee, le hacían transparente, solo había que saber mirar desde la distancia apropiada.

Esta faceta suya fue mucho más difícil de encajar, el puzzle no sólo era inmenso, sino que además, sus piezas eran de un tamaño minúsculo.

 Dee me contó muchas más cosas interesantes y lo sigue haciendo, aunque de vez en cuando, se toma su tiempo. Aún así me entregó una llave. Una llave digital, que abría su primera puerta: su blog.

Sabía lo que haría con ella y no le pareció mala idea, que todas las historias que alguna vez estuvieron solo en su cabeza, tuvieran una nueva vida en vuestras manos.

El resto de los secretos de Dee, las pesadillas que lo atormentan, y los misterios que encontrará en HomeVillage, tendremos que descubrirlos más adelante.

El viaje continua. ¿Me acompañas?

Te espero.

Saludos desde Titán.

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2 comentarios sobre “Dee.

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