Las siete lunas de Titán.

¿Qué es Titán? ¿Quieres descubrirlo? Acompáñame… Dibujando palabras.

Rodeando tu talle, mis manos obligaban a mis dos pies izquierdos a moverse al compás de tus pasos. Mis ojos malinterpretaban tus sonrisas, mi boca moría de sed a diez centímetros de tus labios. Y el alma, que nunca creí poseer, abandonaba mi cuerpo cada vez que te alejabas.

Cuando dejó de funcionarnos ese extraño juego del gato y el ratón, mostramos nuestras cartas. Nos entregamos a la explosiva mezcla de ternura y pasión que nos arrasaba. Tus uñas en mi espalda eran garras afiladas, que abrían nuevas heridas antes de que las últimas cicatrizaran, mientras mi boca lanzaba dentelladas que se clavaban en tu cuerpo, que me gritaba que lo devorara. Las caricias eran el ungüento que utilizábamos después de cada batalla a todo o nada.

Cada amanecer era el primer día de primavera en Titán, y la danza de sus siete lunas en su bóveda celeste, un espectáculo interpretado solo para nuestros ojos, que observábamos tendidos sobre la hierba de la orilla del lago. Intercambiamos religiones y creencias, tú abrazaste con fuerza la idea de que era posible saltar a un vacío insondable, y aterrizar con la suavidad que lo hace una hoja al caer al suelo, y yo creí en un único y verdadero amor.

Pero no fuimos eternos. El invierno llegó, los días se hacían cada vez más cortos, las nubes ocultaban el cielo y las aguas del lago se congelaron. Ni siquiera el calor de nuestros cuerpos enredados sobre el colchón ahuyentó los fríos vientos que se adueñaron de nuestra habitación.

El paso del tiempo incrementaba el espacio que nos separaba de forma exponencial. El otoño se despidió una madrugada en la que mis dedos dibujaban, por última vez, las palabras que me susurraba tu recuerdo. Y la primera mañana de aquel verano, tú y yo no eramos más que un querido, pero lejano recuerdo que ya no me hacía daño.

No supe más de ti, y tú no preguntaste de nuevo por mi. No recuerdo ningún reproche, ninguna promesa incumplida, ni siquiera recuerdo un adiós, solo la palabra que utilicé al terminar de escribir nuestra historia: Fin.

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