La misma guerra. (Blog de Dee).

Joe Landis apretaba su cuerpo contra la tierra de la trinchera como si quisiera atravesarla, fundirse con ella. El ruido de las bombas y la artillería de ambos bandos hacía imposible cualquier tipo de comunicación oral con sus compañeros, y las continuas explosiones arrojaban tantos kilos de tierra hacía el interior de la trinchera y dejaban tras de si tal cantidad de humo que apenas veía nada que no estuviera justo delante de sus narices. Solo los colores fluorescentes de las pantallas servían como punto de referencia. Su color actual: rojo, equivalía a la orden de cuerpo a tierra. Joe sabía muy bien que sucedería a continuación, las pantallas cambiarían a amarillo y todo el mundo en aquel agujero encomendaría su alma al creador más acorde a su moral, o a aquel que el instinto, o el miedo le recomendase como el adecuado. Dos o tres minutos después de que el color de las pantallas cambiara a verde el 99% de los jóvenes que aún respiraban y temían por sus vidas habría dejado de existir. Y en algún lugar remoto, algún general evaluaría cual era, ahora, el próximo paso a seguir.

Joe observó como un intenso color amarillo inundaba el suelo y la pared opuesta de la trinchera. Tenía 23 años, 10 meses y 4 días, hacía menos de seis meses estudiaba historia de la Tierra y Titán en la universidad, y como la humanidad en un acto sin precedentes en la historia humana, había aunado fuerzas y escapado en el último minuto de un mundo condenado a su destrucción. Miró al cielo, el humo se aclaró durante apenas diez o quince segundos y Joe contempló, quizá por última vez, el cielo nocturno de Titán. Pudo distinguir como Ulises, su luna mas pequeña, seguía su sempiterno viaje de vuelta a casa, y como Dulcinea la dama absoluta del cielo lucía, una noche más, en todo su esplendor. La luz cambió a verde y los motores de los trajes se encendieron inmediatamente, los trajes mecánicos iniciaron la secuencia predeterminada de ataque. En aquella batalla nadie tenía la opción de rendirse.

Heródoto, Sima Quian, Al-Tabari, Tito Livio, Karl Marx, Oswald Spengler, Robert Conquest, y otros muchos contaron batallas antiguas y las dejaron escritas para los que vinieran después, pero es casi seguro, que ninguno de ellos imaginó que todos escribían sobre la misma guerra. El hombre contra el hombre.

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