Cuando deje esto contigo. (Blog de Dee)

Cuando deje este estúpido juego contigo, de vernos a escondidas, de miradas furtivas, de mantener las apariencias, de saludarnos como si solo fuéramos dos conocidos…

Cuando deje este trágico juego contigo, de medias verdades, de seducción, sexo y ternura, de anhelos frustrados, de poseerte y perderte…

Cuando deje este macabro juego contigo, que iniciamos como una aventura, pero que se ha desbordado y ahora ocupa cada rincón de nuestro ser, y escapa por todos los poros de nuestra piel…

Cuando deje este juego contigo, ya no podremos seguir arrancándonos la ropa con impaciencia, devorándonos los cuerpos, empapándonos de sudor mutuo, derrochando toda nuestra energía hasta acabar vencidos, por el cansancio, sobre el colchón. Ya no podremos seguir dedicándonos caricias y miradas cómplices, mientras nuestras cabezas reposan sobre la almohada, y se calma el ritmo de la respiración. Ya no podremos seguir susurrándonos secretos al oído, intercalados entre pequeños y dulces besos. Ya no podremos seguir riendo a carcajadas tras cada descabellada idea, tras cada irónico comentario, tras rebasar todos los límites del humor políticamente correcto, tras ridiculizar cada mínimo y mezquino prejuicio ajeno. Ya no podremos seguir arreglando el mundo, desde mi habitación.

Entonces se acabarán las excusas, cumpliré mis promesas y volveremos a nuestras vidas. Al menos Tú. Retomarás tus antiguas costumbres, harás algunas llamadas a amigas descuidadas durante estos últimos años, y a dedicarle algo más de pasión al trabajo, y al marido del que siempre has seguido enamorada. Tendrás un débil velo de tristeza en la mirada durante un breve período de tiempo, pero acabará cayendo y volverás a estar y sentirte plena.

Yo renunciaré a ti. Pero conservaré todos los recuerdos, los olores, los sonidos, tu tacto y tu sabor. Y escribiré, escribiré sobre ti…

Crearé un mundo, todo un universo y lo llenaré de historias y vida. Gracias a ti.

Quizá no sea tan bello como Titán, es difícil imaginar algo más hermoso que este mundo azul turquesa, rodeado de sus siete lunas, de todos los tamaños y colores, que convierten su cielo en un enigma sin resolver y en el mayor espectáculo del cosmos para los ojos de cualquier ser vivo. Cómo competir con todos los misterios que aún nos ofrece, con sus continentes inexplorados y con la gran pregunta de cómo y cuándo llegamos hasta aquí.

No será como Titán, pero tendrá lagos como el de Santa Cruz, donde nos escapamos aquel fin de semana de tu congreso de cirugía, y yo te mostré el lugar donde nací y crecí. Tendrá estrellas como las de ese cielo nocturno que te enamoró, lejos de las luces de New London. Tendrá bosques densos y hierba húmeda por el rocío, como aquella con la que jugabas al amanecer, mientras seguíamos tendidos sobre la pequeña manta de picnic.

No será Titán, y yo no seré Dee, Tú tendrás otro nombre, quizá cientos de nombres distintos, pero ambos estaremos allí, de una u otra forma, buscándonos. Viviendo infinitas vidas distintas, azarosas, emocionantes, peligrosas, cruzándonos en infinidad de situaciones y caminos, que serán convergentes o divergentes, según decidan las deterioradas conexiones sinápticas de mi cerebro. O simplemente, vidas tranquilas y sosegadas como “La vida imaginada” que te dediqué e hizo resbalar aquella solitaria lágrima por tu mejilla.

No importa como sea o que suceda, lo único que importa es que allí, conmigo, también estarás tú.

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Si todo empieza y acaba en ti (Blog de Dee)

Si todo empieza y acaba en ti ¿Qué nos queda? ¿La nada? ¿El infinito?

Si todo empieza y acaba en ti, el espacio-tiempo se detiene, las mañanas plomizas que amenazan lluvia, son radiantes días de primavera. Los lunes son fiesta. Tu cuerpo maná. Tu boca sacia mi sed y tu tacto abraza el alma.

Si todo empieza y acaba en ti, la existencia tiene sentido y las grandes preguntas, no son sino falacias inventadas por mentes ociosas. El mundo tiene dos habitantes y es Edén, el infierno bíblico, una cálida casa con chimenea donde entregarnos el uno al otro. El sur es norte, el este oeste, la gravedad ingrávida y la mortalidad, un cuento con el que asustar a los niños.

Si todo empieza y acaba en ti…

Pero si todo empieza y acaba en ti, mis dedos quedan inertes sobre el teclado, y mi mente busca la salida de una prisión imaginada. El tejido invisible, donde viven las historias que te cuento se quiebra y mi pequeño mundo interior se desmorona.

Si todo empieza y acaba en ti, tarde o temprano mi cuerpo inicia una caída libre hacía el abismo. El miedo me atenaza y las palabras mueren. Los mundos que cree para ti agonizan, y las estrellas de su cosmos, comienzan a estallar en supernovas que plagan mi universo de agujeros negros.

Si todo empieza y acaba en ti, soy rehén de mis deseos y esclavo de tu entrega.

Si todo empieza y acaba en ti, soy un ser completo, solo para un instante después, dejar de existir por completo.

Cuando huir no basta. (Blog de Dee)

Las bocas emiten sonidos que llegan al oído externo, viajan por el conducto auditivo hasta el tímpano, después martillo, yunque, estribo, caracol, trompa de eustaquio y nervio auditivo, conjuran su magia negra y las voces suenan en mi cabeza. En ella, cada voz tiene un color, tu azul, sin duda, el más bello que he oído jamás.

Mi cerebro funciona sólo a fogonazos, es decir, no siempre, y casi nunca de la forma adecuada. Por eso, esta noche tu voz tiñe de azul las sinapsis de mis neuronas, y mis dedos dibujan palabras.

Tú que eres el compendio de todos los anhelos. Tú que no tienes nombre, que no existes salvo para mi, tú que vives los caminos que no transito sólo para volver, y susurrarme que sucede en todos y cada uno de mis universos paralelos, y llenar mis folios de historias, esta noche me traes un recuerdo, más bien una fabula con moraleja. Algo aprendido y por años olvidado.

Tú que sabes que te describo con cuerpo de mujer, que te imagino más amante que confidente, que te deseo más de lo que te puedo amar, que te pido y exijo sin piedad a cambio de nada, confiado en tu necesidad de mi, esta noche, me retas.

Tu figura adopta gesto ofendido, tus brazos cruzados sobre el pecho, anuncian que hoy no te entregarás sólo a cambio de promesas. Toda tú exige una demostración de respeto, de entrega incondicional. Una demostración de admiración al contenido y no sólo al continente. A lo dado, a lo renunciado, a lo sacrificado…

Mi rendición, sólo es un reconocimiento sincero de mis culpas. Tu beso, un soplo de vida.

Cuando huir no basta, porque siempre me hallas.

Cuando el supuesto talento no suple lo no aprendido. Cuando el poder de mis palabras basta para seducirte, pero no te engaña. Cuando el motivo es equivocado, o el folio sólo queda emborronado con frases a las que les faltas tú. Cuando el mundo real, me hace olvidar que te necesito. Siempre me rescatas.

Cuando enfermo de ti y alimentas mi fiebre para sanar el espacio vacío donde debería encontrarse el alma. Cuando soy y no sólo existo. Cuando estás en mí y me arrasas. Me dibujas alas.

Cuando tus ojos me pregunten si he aprendido la lección y tu boca me desee besar de nuevo te desnudaré muy despacio, y lo haré, palabra a palabra.

La vida imaginada. (Blog de Dee)

Tú y yo teníamos un sueño. Una casa frente al mar, rodeada de una valla blanca, un camino de césped salpicado de grandes trozos de mármol hasta las escaleras del porche, un pequeño balancín, solo para dos, desde donde poder admirar el jardín y la playa. Detrás estaría la barbacoa, para las reuniones con familiares y amigos.

Los primeros años serían para nosotros, para disfrutarnos. Después llegarían los niños, al menos tres. Vendrían las noches en vela, los miedos de todos los padres, frente al reto de criar y educar a una nueva generación. Pero también llegarían las risas, los juegos, las mañanas en las que despertaríamos, con la cama llena de esos pequeños diablos que se habían adueñado de nuestras vidas. Las fiestas de cumpleaños, los bailes de graduación. La noche en la que me pasaría horas tras la ventana, solo para asegurarme que ese melenas con cazadora de cuero, no se atrevía a besar a nuestra pequeña Emma, después de su primera cita. Los partidos de fútbol los viernes por la noche, en el instituto… llegarían y nos completarían.

Como cada primavera, pintaría la valla. Después me acercaría al balancín del porche, donde estarías leyendo un nuevo libro, lo arrancaría de tus manos, a la vez que dejaría la brocha sobre la tela del cojín, fruncirías el ceño y pensarías en reprocharme mi comportamiento, entonces te besaría, subiríamos a nuestra habitación y haríamos el amor, como si fuera la primera y la última vez.

Las canas nos platearían el cabello y los paseos por la playa, serían más tranquilos. La vida tendría otro ritmo, salvo cada verano, donde seriamos los abuelos perfectos y la casa parecería más pequeña que nunca. Saldríamos de la cocina con suficiente comida como para alimentar a toda una legión romana, y volveríamos a ser gladiadores luchando contra pequeños monstruos, engendrados por los diablillos que antes invadían nuestra cama.

Un atardecer, sentados en nuestro balancín, nos encontraríamos mirando el mar, entrelazaríamos nuestras manos, y solo con mirarnos, nos diríamos que jamás habríamos soñado una vida como aquella…

Hoy, nada de eso ha pasado, y ya no pasará. Tú estás en la playa, en nuestra playa, y tus pies juegan con la arena. Mientras terminas de extender la crema bronceadora sobre tu piel, dos jóvenes muy atractivos pasan por tercera vez frente a ti, y aunque lo hacen disimuladamente, notas sus miradas de deseo. Por un momento, piensas que deberías decirle algo al más alto de ellos. Pero como si de un gesto instintivo se tratase, rechazas la idea y te diriges al mar.

Yo nunca quise hacerlo. Nunca quise dejarte. Y no pasa ni un solo día, que no te eche de menos. Aún me cuesta mirarte y mucho más aún, tenerte cerca…

Recuerdo aquella tarde, mientras paseábamos sobre la arena, la tormenta salió de la nada y comenzó a diluviar sobre nuestras cabezas, el viento comenzó a soplar con más fuerza de lo que jamás lo había hecho en aquella costa y las olas comenzaron a alzarse como gigantes de agua cobrando vida. Tú giraste la cabeza hacía el interior buscando refugio, mientras sonreías divertida ante el repentino temporal, cruzamos las miradas un instante y yo miré al mar…

Sé que no me reprochas que soltara tu mano, y sé que aún luchas por contener las lagrimas cada vez que la dulce y pequeña Megan, antes de finalizar el recreo, te busca en la sala de profesores, se abraza a tu cuello y te da una flor del patio. Te cuenta, que su madre ya no la lleva casi nunca a la playa, tú miras su carita de enormes ojos negros, salpicada de diminutas pecas, juegas nerviosamente con su largo pelo, y tras darle un beso en su pequeña nariz, le prometes que cuando llegue el verano, iréis juntas todos los días a la playa. Ella sonríe y tú la observas alejarse por el pasillo, camino a clase.

Antes de emprender el camino de vuelta, hacía la orilla, siempre nadas hasta las rocas. Al llegar, te sumerges, y con los ojos muy abiertos observas que se esconde bajo el agua, hasta que el oxigeno que has aspirado, antes de la inmersión, está apunto de agotarse, y justo antes de volver a la superficie abres tu mano, para liberar la flor que había en ella.

Apenas me quedaban fuerzas, cuando conseguí dejar a aquella niña asustada sobre las rocas, le dije que no mirase atrás, y que no se detuviera hasta llegar a la última de ellas, e intenté salir… la ola rompió justo en aquel instante, ni siquiera la vi, me estrelló contra la superficie que debería haber supuesto mi salvación, el impacto vació de aire mis pulmones y todo se fue a negro… la tormenta cesó apenas unos minutos después…

Este es un lugar extraño, yo me siento extraño, pero es un buen lugar. Mientras permaneces dentro del mar, puedo sentir tu piel, tu calor y puedo besarte a través de cada gota de agua que te rodea. Solo cuando vuelves a la playa, y observo como te alejas, siento: nostalgia.

De espejos rotos y gatos negros. (Blog de Dee)

En su carné de identidad debería poner de profesión: gafe. Desde luego no se dedicaba a romper espejos, al menos no le pagaban por ello, pero la mayoría de los que se cruzaban en su camino acababan hechos añicos. Tampoco se dedicaba a buscar escaleras ajenas para pasar por debajo a propósito, aunque casi todos los días cruzaba por debajo de alguna. Y aunque odiaba a los gatos, cada día, uno se cruzaba varias veces en su camino, pero el hecho de que fuera negro no era lo que más le molestaba.

En el trabajo todos lo llamaban “Dark”, aunque el sabía que a sus espaldas, preferían llamarle “Capitán Gafe”. Así que al inicio de cada turno, justo antes de salir de los vestuarios, después de haberse enfundando en su traje amarillo, esperaba pacientemente a que el sargento le lanzara grotescamente el casco y le dijera:

  • Dark, cómo sigas vistiendo así, nunca conseguirás acabar con tu mala suerte.

Las carcajadas inundaban entonces el vestuario, y la veintena de hombres y mujeres que se hallaban en él, comenzaban de nuevo a sentirse en casa. Siempre pensó que era una buena manera de empezar un turno de veinticuatro horas, así que solía responder :

  • Mañana Tony, mañana. Y os obligaré a todos a hacer 100 flexiones allí mismo.

Una discreta sonrisa se dibuja en su cara, y salía de la habitación dejando atrás las risas y burlas de sus compañeros.

El trabajo de bombero no es el más fácil de realizar, ni el más divertido. Cuando las alarmas suenan todo el mundo debe estar listo para actuar. El entrenamiento y la rutina hacen la mayor parte del trabajo, pero el instinto y las órdenes de un buen jefe son las dos cosas que, a la hora de la verdad, pueden salvar una vida. Porque cuando el fuego te rodea por todas partes, y a pesar del traje, sientes que la piel te empieza a arder, y el oxigeno apenas llega a tus pulmones y a tu cerebro; cuando todas las luces se apagan, y se apoderan de ti unas ganas terribles de salir corriendo en cualquier dirección, cuando la situación se vuelve completamente desesperada, entonces, sólo puedes confiar en que la persona que tantas veces antes ha hecho lo correcto, vuelva a hacerlo. Por eso, durante esas veinticuatro horas, Dark, sólo era: el capitán, y sus órdenes, las palabras de un Dios hecho hombre, no se discutían, ni se ponían en duda, simplemente se obedecían. Sólo después todos volvíamos a ser iguales.

La brigada número 13 del cuerpo de bomberos tenía una costumbre. Al finalizar cada turno se reunían en “La taberna del pelirrojo”, y antes de pedir la primera ronda esperaban a que llegara el capitán.

Dark siempre retrasaba unos minutos su llegada a la taberna. Por una parte, para dejar que los chicos empezaran a bromear sobre el “ritual” y así dejar que las tensiones vividas se fueran alejando poco a poco de sus mentes. Por otra, lo hacía por él, para poder desprenderse de la responsabilidad que durante todo un día había cargado sobre sus hombros, de la tensión acumulada, e ir recobrando de forma paulatina su carácter jovial y despreocupado. Lo hacía para poder quitarse el disfraz de superman y convertirse en una persona real, para reencontrarse consigo mismo. Y cuando conseguía que su mente volviera a preguntarse si le habría dejado suficiente comida a “Merlín”, y por qué ese estúpido gato se había convertido en algo tan importante para él, a pesar de su arisco carácter y de que sólo lo dejara acariciarle cuando tenía hambre o ganas de jugar un rato. Cuándo, de nuevo, se preguntaba en qué demonios estaría pensando Susana para regalarle a él un gato. Cuando recordaba que ese había sido su último regalo, antes de hacer las maletas y largarse sin más despedida que una nota que decía que nunca encontraría un amigo mejor, ni una pareja peor. Cuando sonreía al pensar que “Merlín” más que un regalo, había sido, quizá, una pequeña venganza. Cuando la sonrisa se ensanchaba y se convertía en carcajada, sabía que estaba listo para iniciar el “ritual”.

Llegaba de buen humor, buscando con la mirada el rincón dónde se encontraban sus chicos y sus chicas, alborotando un poco más de la cuenta, mientras alguien se acercaba a la barra para pedir la primera ronda. Había comenzado.

Se sentaba en la mesa y David lo hacía frente a él. Le mostraba los chupitos que le acababa de dar Jaime, uno en la palma de cada mano, los colocaba boca arriba sobre el sucio tapete verde y después sacaba el dado. Todos alrededor comenzaban a reír y a efectuar apuestas, que luego quedaban sólo en más risas, y se hacían comentarios de todo tipo, hasta que alguien avisaba, a voz en grito, que el “Capitán Gafe” volvía a tentar a la suerte. David apenas disimulaba su sonrisa y tampoco lo hacía Dark, que con aire divertido, adoptaba la posición final. Cerrando los ojos lentamente, con gesto fingido de concentración. Entonces se hacía el silencio y los chupitos comenzaban a rodar por la mesa, el dado se encontraba dentro de uno de ellos y se oía claramente, en su ir y venir de un lado a otro, rebotar contra el cristal del vaso que lo contenía.

De repente el ruido cesaba y Dark abría los ojos, encontrando de nuevo los dos chupitos frente a él. Todo el mundo estaba expectante, esperando el momento, así que el capitán extendía el dedo índice de su mano derecha y señalaba uno de los pequeños vasos. David acercaba lentamente su mano hacía el objeto señalado, la ponía sobre el mismo y aguardaba unos segundos, las voces de sus compañeros lo increpaban para que se diera más prisa, pero todo formaba parte del ritual.

David levantaba el vaso y debajo de este no había nada. Todo el mundo comenzaba a gritar y reír a pleno pulmón, sin poder, ni querer contenerse. Dark sonreía mientras se echaba las manos a la cara y su brigada le daba palmaditas en la espalda y le daban las gracias. Una noche más, él pagaría la primera ronda.

Todo era como debía ser, pero esa noche, mientras bebía a pequeños sorbos su cerveza y disfrutaba con su verdadera familia de uno de los mejores momentos que la vida puede ofrecer, Dark pensó, que en casi dos años que el ritual permanecía inalterado, no había conseguido adivinar que vaso escondía el dado, ni una sola vez, y para que eso sucediera, no cabía ninguna duda, de que había que ser un poco gafe.

En mis pesadillas. (Blog de Dee)

En mis pesadillas, hay un dragón. Aunque no siempre lo fue.

En su interior, manda el instinto. Apenas queda rastro de lo que un día fue.

Al rayar el alba, despliega sus alas y abandona el acantilado donde se encuentra su refugio. Como cada día, el cielo es plomizo, y los rayos de sol apenas besan la corta hierba. El batir de sus alas lo eleva. Sus ojos le muestran un prado cada vez más yermo, y pequeñas figuras, que se estremecen y comienzan a correr al divisar su sombra. Se esconden en estructuras, a las que llaman casas y se creen a salvo.

Al sobrevolar el castillo, las flechas buscan su cuerpo. Las ignora mientras rebotan sobre su piel. Traza círculos amplios, y emprende el descenso.

La misma figura de siempre lo observa, todos los soldados llevan casco y se agachan cuando el dragón pasa rozando las almenas del castillo, ella no lo hace. Su melena se agita con la ráfaga de aire, se retira el cabello de la cara, sigue observando el vuelo del dragón y como captura a su presa.

El instinto lo obliga a cazar, él obedece. Reconoce el terror que siente la presa entre sus garras y casi es capaz de sentir algo distinto, algo que debió sentir hace mucho tiempo…

El ritual se repite a diario. Excepto por la posición que ocupa aquella extraña figura que nunca se estremece ante su vuelo. Cada día, llama un poco más su atención y lo distrae de su objetivo. Cada día, sus ojos se cruzan y él comienza a sentir… ¿ternura?

En su interior comienza una lucha atroz y el dragón enfurece. Desde lo alto del acantilado, extiende sus alas y lanza llamaradas de fuego hacia el cielo.

Las nubes ocultan el sol casi por completo, y descargan su lluvia sobre el prado. Durante su viaje, cada gota de agua que recorre las escamas de su piel alivia su dolor. Gira en el aire, realiza piruetas arriesgadas, que lo llevan en vuelo picado desde el punto más elevado hasta casi estrellarse contra el suelo. Juega y se divierte… el dolor, queda un poco más lejos.

Divisa el castillo, las almenas están vacías y el prado desierto. Solo está ella. Empapada por la lluvia, lo espera en campo abierto. El instinto le dice que ella es la presa, desciende veloz y sus miradas se encuentran, en el último instante, él desobedece.

Mientras describe un nuevo círculo en el aire, siente las miradas de aquellos que se ocultan tras los muros de sus casas y las altas torres del castillo. Podría arrasarlo todo si tan solo lo deseara. Siente su miedo, el terror que les invade al verlo, y oye como tras cada puerta, le llaman: monstruo.

Se siente confuso, y un extraño y olvidado lenguaje vuelve a tener sentido en su mente. Imágenes de una vida anterior resurgen desde algún profundo rincón de su ser, y entonces comprende que casi todo está perdido.

Aterriza junto a la mujer de la forma más suave que es capaz, pero todo él es imponente y, sin pretenderlo, la obliga a dar un paso atrás. Ella se rehace con rapidez y vuelve a buscar sus ojos. El dragón, dobla su largo cuello y baja la cabeza hasta quedar frente a frente. Escruta su mirada, pero sabe que no es capaz de reconocerlo. No hay miedo, solo odio. Ella solo ve, lo mismo que todos los demás.

En un último acto desesperado por hacerse entender, intenta hablar, quiere que todos sepan que hay más allá del monstruo que creen ver. Revelar la verdad oculta que les impide aceptar otra realidad, que no sea la que sus sentidos les imponen. La única verdad es que el monstruo lo crearon ellos, sus actos, sus prejuicios, sus pecados, su ceguera total y absoluta, su única forma de ver un mundo que puede ser distinto para cada ser. Pero de su boca solo sale un pequeña lengua fuego que casi no puede llegar a contener. Ella se ve obligada a dar otro paso atrás. Y él entiende que es una verdad que nadie quiere escuchar.

Sus ojos buscan los de ella, intenta hacerles hablar, que ellos transmitan lo que no puede expresar con palabras, pero en ellos solo ve la resolución de llevar a cabo su tarea.

Por primera vez, alza la lanza que lleva en su mano, sus músculos se tensan y avanza. Él sabe que no se detendrá. Ya no lo mira, casi espera que él la devore antes de llegar a su objetivo, pero el dragón ya se ha rendido.

Al llegar bajo su pecho, no duda. La lanza rasga la piel, avanza entre los tejidos, llega hasta el corazón y lo atraviesa…

En mis pesadillas, tú empuñas la lanza y yo soy el dragón.

La magia de los instantes efímeros. (Blog de Dee)

Es tan fugaz el instante en el cual dos miradas se cruzan, que apenas ha sucedido, ya ha quedado atrás. El tiempo de reacción de mi piel al contacto con la tuya. El momento en el que un corazón se rompe tras un adiós anunciado… instantes, momentos, presentes que se convierten inmediatamente en pasados, en tiempo pretérito que no ha de volver.

La magia de una gota de rocío, deslizándose por tu mejilla al rayar el alba, sobre aquella hierba húmeda, el destello de tu pupila al escuchar mis palabras. El ritmo cardíaco acelerándose, desbocándose, el beso… el imperceptible instante en que la magia, de repente, se convierte en encrucijada…

El torbellino de sensaciones y emociones mal interpretadas, que acaban convirtiendo en desierto el paraíso. Arrasando una naturaleza viva hasta dejar tras de sí, sólo tierra yerma… nostalgia.

El renacer del alma, tras encontrar refugio, calor, en un nuevo fuego abrasador, distinto en todo, menos en poder de devastación.

Las vidas que se encienden y se apagan. Los mundos que nacen y mueren. Las estrellas y galaxias que se crean, mezclan y destruyen… y mientras todo sucede, el cosmos, apenas parpadea…

Mi espacio-tiempo se detiene, una inmensa gravedad le impide avanzar, literalmente, lo suspende… (en el espacio y el tiempo) y observo, observo universos dentro de universos, un lugar mágico fuera del alcance de nuestra comprensión y entonces, sólo entonces, comprendo…

Comprendo la magia de los instantes efímeros. ¿Qué puede importar, que durante apenas estos cien años, nos hallemos sometidos a este sin fin de cadenas autoimpuestas? A la embestida de estos sentimientos que nos conforman. A los dictados de nuestras emociones, simplemente humanas ¿Cómo no disfrutar de la magia que se encierra en cada instante? Porque hoy somos, pero ya fuimos y seremos…

No derrames tus lagrimas, ni las guardes para una mejor ocasión. No dejes de intentarlo sólo porque sea imposible, no dejes de vibrar, porque eso te conecta a la red de todo pasado, presente y futuro… Porque tenemos el poder, todo el poder, para destruir, pero también para crear, por que somos, que sino, polvo de estrellas…