Las siete lunas de Titán.

¿Qué es Titán? ¿Quieres descubrirlo? Acompáñame… Dibujando palabras.

En mis pesadillas, hay un dragón. Aunque no siempre lo fue.

En su interior, manda el instinto. Apenas queda rastro de lo que un día fue.

Al rayar el alba, despliega sus alas y abandona el acantilado donde se encuentra su refugio. Como cada día, el cielo es plomizo, y los rayos de sol apenas besan la corta hierba. El batir de sus alas lo eleva. Sus ojos le muestran un prado cada vez más yermo, y pequeñas figuras, que se estremecen y comienzan a correr al divisar su sombra. Se esconden en estructuras, a las que llaman casas y se creen a salvo.

Al sobrevolar el castillo, las flechas buscan su cuerpo. Las ignora mientras rebotan sobre su piel. Traza círculos amplios, y emprende el descenso.

La misma figura de siempre lo observa, todos los soldados llevan casco y se agachan cuando el dragón pasa rozando las almenas del castillo, ella no lo hace. Su melena se agita con la ráfaga de aire, se retira el cabello de la cara, sigue observando el vuelo del dragón y como captura a su presa.

El instinto lo obliga a cazar, él obedece. Reconoce el terror que siente la presa entre sus garras y casi es capaz de sentir algo distinto, algo que debió sentir hace mucho tiempo…

El ritual se repite a diario. Excepto por la posición que ocupa aquella extraña figura que nunca se estremece ante su vuelo. Cada día, llama un poco más su atención y lo distrae de su objetivo. Cada día, sus ojos se cruzan y él comienza a sentir… ¿ternura?

En su interior comienza una lucha atroz y el dragón enfurece. Desde lo alto del acantilado, extiende sus alas y lanza llamaradas de fuego hacia el cielo.

Las nubes ocultan el sol casi por completo, y descargan su lluvia sobre el prado. Durante su viaje, cada gota de agua que recorre las escamas de su piel alivia su dolor. Gira en el aire, realiza piruetas arriesgadas, que lo llevan en vuelo picado desde el punto más elevado hasta casi estrellarse contra el suelo. Juega y se divierte… el dolor, queda un poco más lejos.

Divisa el castillo, las almenas están vacías y el prado desierto. Solo está ella. Empapada por la lluvia, lo espera en campo abierto. El instinto le dice que ella es la presa, desciende veloz y sus miradas se encuentran, en el último instante, él desobedece.

Mientras describe un nuevo círculo en el aire, siente las miradas de aquellos que se ocultan tras los muros de sus casas y las altas torres del castillo. Podría arrasarlo todo si tan solo lo deseara. Siente su miedo, el terror que les invade al verlo, y oye como tras cada puerta, le llaman: monstruo.

Se siente confuso, y un extraño y olvidado lenguaje vuelve a tener sentido en su mente. Imágenes de una vida anterior resurgen desde algún profundo rincón de su ser, y entonces comprende que casi todo está perdido.

Aterriza junto a la mujer de la forma más suave que es capaz, pero todo él es imponente y, sin pretenderlo, la obliga a dar un paso atrás. Ella se rehace con rapidez y vuelve a buscar sus ojos. El dragón, dobla su largo cuello y baja la cabeza hasta quedar frente a frente. Escruta su mirada, pero sabe que no es capaz de reconocerlo. No hay miedo, solo odio. Ella solo ve, lo mismo que todos los demás.

En un último acto desesperado por hacerse entender, intenta hablar, quiere que todos sepan que hay más allá del monstruo que creen ver. Revelar la verdad oculta que les impide aceptar otra realidad, que no sea la que sus sentidos les imponen. La única verdad es que el monstruo lo crearon ellos, sus actos, sus prejuicios, sus pecados, su ceguera total y absoluta, su única forma de ver un mundo que puede ser distinto para cada ser. Pero de su boca solo sale un pequeña lengua fuego que casi no puede llegar a contener. Ella se ve obligada a dar otro paso atrás. Y él entiende que es una verdad que nadie quiere escuchar.

Sus ojos buscan los de ella, intenta hacerles hablar, que ellos transmitan lo que no puede expresar con palabras, pero en ellos solo ve la resolución de llevar a cabo su tarea.

Por primera vez, alza la lanza que lleva en su mano, sus músculos se tensan y avanza. Él sabe que no se detendrá. Ya no lo mira, casi espera que él la devore antes de llegar a su objetivo, pero el dragón ya se ha rendido.

Al llegar bajo su pecho, no duda. La lanza rasga la piel, avanza entre los tejidos, llega hasta el corazón y lo atraviesa…

En mis pesadillas, tú empuñas la lanza y yo soy el dragón.

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La vida de Alejandro Caridad supuso el comienzo de una larga historia. En 1901, a la edad de 26 años, envío una carta al nuevo presidente de los EE.UU. Theodore Roosevelt. En ella, explicaba de manera breve y concisa, la necesidad de una entrevista personal. Adjunta a esta: la clave de todo lo que sucedería.

Theodore Roosevelt y Alejandro Caridad se entrevistaron en varias ocasiones. Tenían visiones opuestas del mundo en que vivían, pero compartían una misma misión, la carga que esta suponia y la necesidad de llevarla a buen termino.

Con los años, se forjó una extraña amistad, una amistad surgida de la necesidad y el respeto. Y Roosevelt, resolvió que la única manera de ayudar a su amigo, era compartir su carga, no sería él personalmente quién le tendiera esa mano, sería la presidencia de los EE.UU, fuera quién fuera la persona que ostentara aquel honor.

Una carpeta con el nombre de Alejandro Caridad, era siempre, el primer documento secreto que conocía un nuevo presidente de los EE.UU. tras jurar el cargo.

El 21 de Enero de 1961, en el despacho oval, esta era la carpeta que J.F. Kennedy acababa de dejar sobre la mesa.

Su volumen había aumentado considerablemente desde los tiempos de Roosevelt y Alejandro, el proyecto se encontraba muy avanzado, y la inmensa carga que suponía la verdad que encerraba, era compartida por la mayoría de líderes mundiales, aunque la mayoría de ellos no presidieran ningún país. La altura de miras era imprescindible en aquellas circustancias.

Kennedy, se reunió con ellos, visitó las instalaciones y conoció a los primeros viajeros del espacio. En aquel lugar, en las mismisimas entrañas de Siberia, la humanidad se preparaba para lo desconocido.

  • Señor presidente, ¿El viaje a luna…? – Nikita Kruschov, dejó las palabras en el aire.
  • No se preocupe, señor primer secretario, lo adelantaremos, estamos preparados, y ustedes…
  • No lo dude, señor presidente.

En aquel lugar donde no se permitía vestir de uniforme, y solo se podía entrar si se era poseedor de una mente abierta y sin prejuicios, en aquel lugar donde la poderosa Unión Sovietica había renunciado a ganar una carrera que llenaba portadas de periódicos, la humanidad se jugaba su futuro, perdurar, sobrevivir más allá de la tierra…

A la salida del hangar secreto, los dos presidentes estrecharon sus manos, no fue un formalismo, sino más bien la despedida de dos amigos que deberían guardar un secreto, el resto de sus vidas. En la mirada de aquellos hombres, el reconocimiento implícito a la labor, de aquellos que los habían precedido, y el recuerdo de aquel que lo hizo posible…

El 4 de Mayo de 1965 una nave despegó desde Florida, rumbo a la luna: El Apolo 11. Mientras, a medio mundo de distancia, desde Siberia despegó otra nave rumbo a las estrellas, más allá de los límites del universo que el hombre conocía: La Alejandro Caridad, emprendió su viaje hacia Titán.

 

 

Los universos paralelos, es un concepto amplio y complejo, pero se puede explicar con una idea sencilla. Observa a tu alrededor, contempla todo aquello que conoces, todo aquello que la ciencia ha demostrado, mira al cielo y deja que la luz de las estrellas llegue hasta ti. Respira. Cierra los ojos e imagina cada pequeña variación en todos y cada uno de esos elementos. Respira. Añade todo aquello que desconocemos y que apenas podemos llegar a imaginar que ni tan siquiera existe, y todas sus posibles variaciones…

Abre los ojos. Bienvenido al Multiverso…

Las primeras naves despegaron de la tierra en 1965, cada una de ellas llevaba más de 15.000 almas abordo. Desde entonces, han transcurrido más de dos mil años.

Casi toda la historia se encuentra en los archivos de Titán, casi toda, porque como ocurre la mayoría de las veces, la historia se cuenta desde un único punto de vista.

En las escuelas cuentan a los niños, que el presidente de EE.UU, J.F. Kennedy, fue el gran héroe que logró salvaguardar el futuro de la humanidad. Sería injusto quitarle mérito, pero sería igual de injusto dárselo por completo. Sin duda, en esta historia hay personajes fundamentales, pero muchos de ellos continuan siendo ánonimos. Es hora de colocarles en el lugar que merecen. También es hora de contar la historia desde otro punto de vista y sobre todo desde el principio.

En 1875, partió un barco desde el puerto de Cádiz rumbo al nuevo mundo, a bordo viajaba un joven llamado Alejandro Caridad, nacido en Lorca y criado por media Andalucia a lo largo de casi 16 años, todo el tiempo con el hatillo a cuestas.

Al embarcar, Alejandro no llevaba consigo más que unas pocas pesetas, escondidas entre los remiendos de su ropa, en pequeños paquetes de 10 a 15 céntimos y una vieja caja metálica que su abuela le entregó en su lecho de muerte, justo antes de dejarlo solo en el mundo. Y En su interior, algo que lo cambiaría todo…

La vida de Alejandro Caridad, fue solo un principio. Un principio que nos llevará algún tiempo contar. Pero los archivos de Titán guardan más secretos…

Es tan fugaz el instante en el cual dos miradas se cruzan, que apenas ha sucedido, ya ha quedado atrás. El tiempo de reacción de mi piel al contacto con la tuya. El momento en el que un corazón se rompe tras un adiós anunciado… instantes, momentos, presentes que se convierten inmediatamente en pasados, en tiempo pretérito que no ha de volver.

La magia de una gota de rocío, deslizándose por tu mejilla al rayar el alba, sobre aquella hierba húmeda, el destello de tu pupila al escuchar mis palabras. El ritmo cardíaco acelerándose, desbocándose, el beso… el imperceptible instante en que la magia, de repente, se convierte en encrucijada…

El torbellino de sensaciones y emociones mal interpretadas, que acaban convirtiendo en desierto el paraíso. Arrasando una naturaleza viva hasta dejar tras de sí, sólo tierra yerma… nostalgia.

El renacer del alma, tras encontrar refugio, calor, en un nuevo fuego abrasador, distinto en todo, menos en poder de devastación.

Las vidas que se encienden y se apagan. Los mundos que nacen y mueren. Las estrellas y galaxias que se crean, mezclan y destruyen… y mientras todo sucede, el cosmos, apenas parpadea…

Mi espacio-tiempo se detiene, una inmensa gravedad le impide avanzar, literalmente, lo suspende… (en el espacio y el tiempo) y observo, observo universos dentro de universos, un lugar mágico fuera del alcance de nuestra comprensión y entonces, sólo entonces, comprendo…

Comprendo la magia de los instantes efímeros. ¿Qué puede importar, que durante apenas estos cien años, nos hallemos sometidos a este sin fin de cadenas autoimpuestas? A la embestida de estos sentimientos que nos conforman. A los dictados de nuestras emociones, simplemente humanas ¿Cómo no disfrutar de la magia que se encierra en cada instante? Porque hoy somos, pero ya fuimos y seremos…

No derrames tus lagrimas, ni las guardes para una mejor ocasión. No dejes de intentarlo sólo porque sea imposible, no dejes de vibrar, porque eso te conecta a la red de todo pasado, presente y futuro… Porque tenemos el poder, todo el poder, para destruir, pero también para crear, por que somos, que sino, polvo de estrellas…

Nacimos como el cosmos, como las estrellas. Tras una explosión de energía. La misma que fuimos consumiendo, en el cuerpo a cuerpo, en las guerras sobre tu colchón.

Evolucionamos y emprendimos trayectorias divergentes, creamos universos paralelos. Las palabras dejaron de escucharse en el vacío, y quedamos atrapados en dos órbitas equidistantes del lugar que quisimos habitar.

Te observo y percibo que me culpas, crees que manipulo las leyes de la física para que dos mundos puedan tocarse, entregarse, arrasarse y renacer de nuevo, justo a la misma distancia, que antes de arder.

Fue, justo entonces, cuando emprendiste tu huida desesperada hasta tu refugio interior, y extinguimos el sol, en aquel último adiós.

Tu mundo es plano y el mío cuántico, vives pegada al suelo y yo vivo de sueños… pero fuimos tan grandes siendo tan pequeños…

La mayoría de los escritores temen al folio en blanco. Al bloqueo creativo. Dee nunca tuvo este problema. Las ideas se agolpaban en su mente, y pugnaban por salir. Desde que fue capaz de hacerlo había escrito. Casi todo lo que le sucedía, veía, sentia…, era susceptible de pasar por el tamiz de aquella parte de su cerebro que lo transformaba, y lo convertia en una nueva historia.

Tenía cierta habilidad a la hora de ejecutar estas ideas, cierto estilo, una forma distinta de escribir. La adquirió leyendo, leyendo todo lo que caía en sus manos, sin importar su supuesta calidad inicial. Los libros despertaron su imaginación, y su imaginación despertó al escritor que llevaba dentro. Sus problemas se limitaban a la parte técnica, Dee sabía que la única solución a sus limitaciones era seguir escribiendo. Aprender. La necesidad de hacerlo hizo el resto.

Escribir no solo era un placer, sino una terapía y una forma de evasión. Se convirtió en la tarea que más le gustaba realizar, la que menos le costaba afrontar, y finalmente, en una autentica pasión.

El siguiente paso era lógico, compartirlo. Siempre quiso ser contador de historias, y fue en lo que se convirtió. El blog surgió de forma accidental, pero fue determinante. Nada le pudo hacer prever el impacto que supondría, para los demás y para él mismo.

Lo comenzó una noche cualquiera, sin ningún tipo de idea preconcebida.

Ahora nosotros tenemos acceso completo, al mundo imaginario de Dee…

Cuando conocí a Dee, acababa de regresar a HomeVillage procedente de la gran ciudad. Me pareció un joven tímido, rondando los treinta y pocos, con cara aniñada de ojos azules y profundos. No podía sospechar todo lo que llegaría a sorprenderme.

Pronto empezó a robarme algunas de las características que más me llaman la atención en un buen personaje. Simplemente, se las apropió. Algunas bastante íntimas, otras algo más manidas, pero no por ello menos interesantes.

Se presentó como un joven escritor, de cierta fama, que se había dado a conocer a Titán mediante un pequeño blog de entradas cortas, pero muy directas. Me contó, no sin cierto rubor, que todo empezó por casualidad. El blog le permitía tener una copia de seguridad de sus textos, un modo de no perderlos, si el ordenador decidía jugar al famoso “System failure”. Era cómodo, gratuito y siempre online. También era un buen lugar para probar técnicas de escritura, poner a prueba su escaso talento narrativo y mejorar su forma de puntuar los textos, mientras buscaba un nuevo trabajo en algún periódico o revista, que pagara algo mejor sus colaboraciones. Pero se le fue de las manos.

No era una queja, ya que aquel pequeño sitio de la web, se convirtió en su trabajo. Logró y superó sus objetivos, y una importante editorial digital le contactó para editar su primera novela.

Los ingresos de Dee, no eran nada despreciables, sus entradas recibían más visitas de las que jamás llego a soñar y eso le proporcionaba una calidad de vida por encima de la media. La novela “En mis pesadillas” lo hizo subir varios niveles. Su fama en la red, era ridículamente alta y todo lo que Dee publicaba era difundido, al instante, a cada ordenador o dispositivo móvil de Titán. De una u otra forma, uno de cada cinco habitantes del planeta leían a Dee, casi a diario.

Todo llegó demasiado rápido. Y la novela le había dejado prácticamente exhausto, demasiado intensa, demasiado personal, demasiados miedos revividos, demasiadas concesiones involuntarias. Demasiadas pesadillas olvidadas, traídas de vuelta.

Eso fue lo que le hizo volver a casa. Y lo que nos permitirá adentrarnos en el Blog de Dee y algunos de sus secretos.

La faceta de escritor me sorprendió, aunque encajaba muy bien con su aspecto y su extraño sentido del humor. Pero lo más inquietante fue descubrir su concepción del mundo, de la vida, del amor, de las relaciones personales y su distancia respecto a ellas, como sino le afectaran, aunque en realidad: le arrasaban. Era una distancia medida, no las negaba, ni las rehuía, simplemente las adaptaba para poder soportarlas. Eran también el motor de su particular forma de contar historias, pero una cosa era el trabajo y otra la vida real. Sus aristas eran diversas, complejas y a la vez, tal y como diría el propio Dee, le hacían transparente, solo había que saber mirar desde la distancia apropiada.

Esta faceta suya fue mucho más difícil de encajar, el puzzle no sólo era inmenso, sino que además, sus piezas eran de un tamaño minúsculo.

 Dee me contó muchas más cosas interesantes y lo sigue haciendo, aunque de vez en cuando, se toma su tiempo. Aún así me entregó una llave. Una llave digital, que abría su primera puerta: su blog.

Sabía lo que haría con ella y no le pareció mala idea, que todas las historias que alguna vez estuvieron solo en su cabeza, tuvieran una nueva vida en vuestras manos.

El resto de los secretos de Dee, las pesadillas que lo atormentan, y los misterios que encontrará en HomeVillage, tendremos que descubrirlos más adelante.

El viaje continua. ¿Me acompañas?

Te espero.

Saludos desde Titán.

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